Cómic y Novela Gráfica

Ecofeminismo y Animalismo :: “Mi novio caballo” de Xiomara Correa.


 

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Un cómic casi nunca es simplemente “divertido”. Un cómic, o más bien, la lectura de un cómic es una escalera que lleva a diferentes pisos (hacia abajo o hacia arriba, no importa). Lo que importa es que en muchos de estos niveles de lectura hay nuevos mensajes, símbolos y contenidos relacionados de enorme interés. Observarlos desde la escalera puede ser divertido, pero lo es mucho más si uno se adentra a observar qué tiene que decirnos el texto en cada nivel del viaje.

Permítase a esta crítica literaria tomarse la libertad de hacer una analogía entre el título de cómic “Mi Novio Caballo” y los objetivos del ecofeminismo y de las teorías animalistas de nuevo cuño. No sólo porque me han separado del camino más sencillo durante su lectura, sino porque todo un hilo de interpretaciones me ha llevado a ello. ¿Qué ha pasado exactamente para llegar a relacionar este cómic con aspectos tan diversos?  En primer lugar el cómic me ha hecho darme cuenta de la cantidad de propuestas mojigatas, infantiles y tontorronas nos venden respecto al tema del amor. Si no fuera porque el cómic carga sus páginas de amplias y elocuentes referencias culturales de episodios de series de TV, cuentos tradicionales y películas; no habría reparado en lo despiadado que es el ideario heteropatriarcal. Todas estos guiños al discurso de la cultura de masas (muy a lo “Matt Groening”, pero con un surrealismo sarcástico inigualable) parten de un deseo de desagradar al mismo; de ofrecer justo lo opuesto para denunciar aquel discurso. Por eso, de manera muy efectiva, el cómic apunta contra el amor gentil, la amistad y la moral de los jóvenes tal y como se plasman en la cultura popular, sobretodo en el cine. Toda esa “intertextualidad” patente en el entramado de referencias , tiene un fin creativo, pero también ayuda al lector a comprender lo condicionados que estamos en realidad, sobretodo una generación –con la que se identifica a la autora– nacida en el seno de una perspectiva androcéntrica, pragmática e industrial del mundo. Desde la base neuronal de ese monstruo cultural nos han mandado señales y mas señales acerca de cómo debemos ser, qué debe gustarnos, qué corresponde a nuestro sexo y al amor; para después declarar vergonzoso, vicioso y tabú todo aquello fuera del comportamiento normativo. Aspectos como la sexualidad femenina (la regla, sus órganos sexuales) o toda relación no heterosexual binaria se acallaron por inapropiadas. No es que haya que renegar de un programa ético respecto a la salud sexual y las relaciones sociales, pero el libro me hace preguntarme si este es el marco ético que merecemos. Pues bien, es importante mencionar todo esto como punto de partida de este texto crítico porque precisamente el cómic de Xiomara Correa entroniza lo animalistico (y acaso una sana práctica de la zoofília) en la construcción de una nueva visión del ecofeminismo.

Para explicar, en segundo lugar, por qué es tan necesario un libro en el que el patriarcado pierda poderes frente a mujeres, voy a usar las palabras de la académica Karen Warren. Según indica en “Filosofías Ecofeministas”,

(…) la naturaleza es violada, conquistada, domada, controlada; sus secretos son penetrados, y su seno está al servicio del “hombre de la ciencia”; se cortan y destruyen bosques vírgenes y mientras, se cultivan tierras fértiles y se desechan las estériles (…) el lenguaje que afeminiza la naturaleza y naturaliza a la mujer, describe, refleja y perpetúa la dominación e inferiorización de ambas (Warren, 2004:19).

Por lo tanto, es necesaria una solución ética admisible y es aquí donde el modelo que presenta “Mi Novio Caballo” resulta de lo más necesario, pues relativiza los conceptos estancos. El cómic saca la zoofília del espectro patológico y la sustituye por una relación amorosa entre una chica en pelotas y un caballo de verde crin. Su amor no entiende de límites y todo lo que ocurre a su alrededor es una crítica al patriarcado. Por otro lado, “Mi novio caballo” no es un canto a la naturaleza y tampoco es esto lo que persigue el ecofeminismo. En palabras de Lizbeth Sagols, “el cuidado es vidente o cognoscente, tiene mucho más que ver con el amor visión que con el amor sensiblero o con un sentimiento amorfo de simple apego y dependencia” (2014:122).

1521474715_167241_1521484343_noticia_normal_recorte1Por medio de la sátira, la actitud de la protagonista y el feminismo subyacente, este cómic nos enseña que todos lo seres vivos debemos ocupar el mismo escalón social; al menos para destruir la lógica de dominación que subyace a la caza ilegítima, el trofeo animal, los maltratos y abandonos, el uso de animales para fines científicos, la contaminación, etc. En el cómic, ese supuesto mundo animalista desestabiliza las concepciones del amor, las mujeres y el sexo en el primer mundo para proponer alternativas. Digamos que, de este modo, el arte abre un camino de empatía opuesto al malestar que aqueja a la realidad de la prensa diaria, los anuncios y los institutos de EEUU. Entonces entendemos que el “artivismo” (usar el arte con fines sociales), es muy práctico para poner en valor temas como el cuidado de la naturaleza, la igualdad y el respeto a los animales –a veces reducidos al factor productivo o como un  medio para alcanzar un objetivo científico o industrial. En el artivismo el signo toma el lugar de la palabra y la representación artística indaga en el desacuerdo actual y relativiza los prejuicios. Xiomara Correa se vale del cómic –y esa libertad que en su día le proporcionó el contexto de la autoedición– para adoptar una postura contestataria respecto de algunos patrones cínicos y holocáusticos de nuestra sociedad. Aspectos que dada su gravedad, sólo cabe resolver de la manera más surreal y vengativa posible. Entonces, adiós machotes, cerdos, diplodocus, adiós cabrones y que sea bienvenido a la fiesta todo elemento natural, dietético y estimulante posible.

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En tercer lugar, la lectura del cómic de Xiomara Correa me ha recordado a esa conocida frase que dice, “cuanto más conozco a la gente, más quiero a mi perro”. Que la mascota sea un equino no cambia nada, aunque sí cambia la relación mascota-amo; que es más intensa. Tanto, que llegaremos a su punto máximo, puesto que mi caballo se convierte en mi amante, mi novio, mi ligue, mi mejor polvazo y el amor de mi vida. Si bien conservamos el tradicional dualismo de la pareja, los sujetos cambian y sirven para dar la vuelta a cualquier juicio preestablecido. Es entonces cuando el hecho de representar a humanos que mantienen relaciones sexuales y personales con animales (o una zoofília utópica y desapoderada) deshabilita el sexo convencional para robar su estatus de poder a esa otra minoría aventajada. La zoofilia será válida como alternativa ecofeminista en cuanto que se interprete como un coito simbólico que significa la equidad entre seres humanos y animales; y no tanto como sodoma y gomorra. Digamos que si en el momento de crisis se reconocía al hombre por encima de sus vecinos los animales y de su homóloga la mujer, entonces los dos expulsados se alían para escribir un nuevo Génesis. Os invito a pensar qué hubiera pasado si Adán hubiera sido Eva, si Eva hubiera sido un simpático caballo de pelo verde, o si Adán hubiera huído para seducir a la serpiente. Cualquier nuevo origen posible no es ordenado ni apacible, es resultado de un “hybris” simpático que aterriza con valores que, bromas aparte, pueden servirnos de ayuda, entre otras cosas, para empoderar a la mujer a la par que destruir la dominancia del hombre en el conjunto de la naturaleza. Eso dicen las propuestas de su autora Xiomara Correa que adolecen de un sugestivo ambiente neo-queer, platónico, etílico y a la “Hanselmann”. Como lectora, me parece que la “anagnorisis”, o momento de descubrimiento, tendrá lugar cuando el hombre blanco colonizador reconozca –en su castigo– que no es el amante imprescindible, que su esperma tampoco es el combustible del mundo y que debe permanecer en sintonía con la naturaleza, en lugar de someterla. En el cómic se suceden ataques de celos del macho alfa, obsesionado con que su séquito no le robe el poder. Atentos al rebote de Diplodocus o cuando “cara-de-majete” irrumpe en escena y se carga a toda la banda. Afortunadamente, al final triunfa el amor sin condiciones; un tipo de amor que desafía esos supuestos del amor gentil, como lo hace el lenguaje de todo el cómic.

Xiomara nos demuestra que siempre es una buena idea traicionar la expectativas del lector. A primera vista “Mi Novio Caballo” es un cómic naif y pulcro como un cuento de niños, pero nada mas comenzar comprobamos que es justo lo opuesto. Después descubrimos que tampoco es un tebeo corrompido, sino que puede ser una lectura estimulante de cara a los supuestos ecofeministas mencionados anteriormente. Sin duda su secreta complejidad es lo que llevó a este fanzine a convertirse en un fabuloso libro editado por el sello gráfico del gigante Penguin Random House Mondadori, Reservoir Books.

Por último, si esta crítica obedece a la estructura de la novela –al igual que lo hacen las diferentes partes del cómic–, la catarsis tiene lugar precisamente durante el gran orgasmo; un “rencontre” populista que celebra al dios Epicuro: el festival de música.  La conclusión es que el tono de este cómic contempla una posible resolución del conflicto. Por fin, la joven naturista aficionada a las fiestas se salva a sí misma eligiendo cómo quiere vivir su vida. Ella es incorregible y pasa de los tabúes: le van tanto los estimulantes como los alucinógenos, la comida basura, los depredadores, la fotografía y el ambiente hogareño.

Referencias:

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