Cómic y Novela Gráfica

El matronazgo está de luto :: “Baby’s In Black” de Arne Bellstrof


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Hay alegorías tan inmóviles que ya no se cuestionan. El luto es negro, aunque ese color disponga de una capacidad estética y una elegancia únicas. Eso no diluye esa fuerte unión entre el signo y su sentido. Tampoco nadie se plantea desde cuándo y por qué el luto es negro y cómo la muerte asimila ese color y no otro. Quizá la negrura, ese sentimiento de estar perdidos en torno a ella, sea el símil de nuestro desconocimiento sobre la muerte: una de las grandes preguntas sin respuesta. Y es que, como decía el filósofo Epicuro, la muerte no está cuando estás y está cuando no estás. Sino ¿por qué elegimos el color negro y no el verde para representarla? El mismo color que tiñe las hojas de las plantas podría llegar a ser, con el mismo derecho, el sustitutivo de la muerte. También pensáis que sería bastante cómico que el verde se viera de pronto asociado a la muerte, ¿verdad?. Entonces confundiríamos a los góticos con los activistas de Green Peace y el título de aquella película de Elia Kazan “Esplendor en la hierva”, sería una alegoría a la muerte y no al paraíso edénico de las escrituras.

Propongo esta reflexión para desarticular el origen del negro como el color del luto en occidente y así especular acerca de que la asociación de ambos términos pudo tener lugar en el momento en que ocurrió la tragedia que se relata en el cómic de Arne Bellstorf, “Baby’s in Black” (2010). Por lo tanto, Stuart Sutcliff y Astrid Kirchherr, protagonistas del título, son unos jóvenes existencialistas (relativo al movimiento cultural y artístico que se construye sobre esa base filosófica) que, sin quererlo, convirtieron la sobriedad del negro en la marca de la ausencia, de la incógnita; ya que ambos (Astrid de origen alemán y Stuart británico) desaparecieron de la escena a favor de la exitosa banda de los Beatles.

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Este cómic sirve, entre otras cosas, para recuperar la figura de Stuart Fergusson Victor Sutcliffe que fue el primer bajo solista de la primera formación de los Beatles (The Silver Beatles), cuando estos ni  siquiera habían adoptado su nombre definitivo y antes de que Ringo Starr formara parte del grupo. Responsable del bajo solista antes que McCartney; también era pintor, poeta y conocedor de la vanguardia artística: aficiones a las que prestaba especial atención durante las pericias de la banda en Alemania, tocando en antros de mala reputación y ganando una miseria por concierto. De paso, las páginas del cómic editado por Sins Entido también reconstruyen la historia menos conocida de la banda de pop británico y todo esto desde la perspectiva de la alemana Astrid Kirchherr: una fotógrafa que entra en contacto con la banda en una discoteca en la que solían tocar y que entonces comienza una relación de amistad imperecedera. Ella se convierte en una de las primeras fotógrafas de la formación y se hace pareja de Stuart, en cuyo reconocimiento como artista ella pone todo su esfuerzo.

La doble tragedia de esta historia reside en la pérdida, a una edad temprana, del ex Beatle y por otra en la irrelevante fama de la fotógrafa Kirchherr que hoy cuenta con ochenta años de edad. Es otra de esas ocasiones en las que el talento de él sepulta la carrera de ella, quien colaboró en algunas publicaciones en años sucesivos, pero que no obtuvo tanto reconocimiento como prometían sus profesores de la facultad y que sin embargo, valoraba con acierto la calidad de las propuestas pictóricas de su novio. En el cómic se relata cómo Astrid jugaba un papel importante en la vida del joven músico, acercándole a la Academia, presentándole amistades inigualables. Y es que el matronazgo tiene raíces muy profundas que recuperan la capacidad de sacrificio y la terquedad de aquellas mujeres que creían en sus parejas. Tenemos el caso de los pintores Jackson Pollock o Antonio López y el de escritores como Francis Scott Fitzgerald que tenían detrás mujeres promotoras de gran talento artístico como Lee Krasner (pintora que contrajo matrimonio con el exponente del expresionismo abstracto Jackson Pollock dejando de lado su propia proyección artística), María Moreno (esposa del pintor madrileño sobre quien él mismo comentó, “no imaginaba que Mari tenía ese talento para pintar”) o Zelda Fitzgerald (quien vivía aislada y encerrada durante los largos períodos en que el escritor trabajaba en una nueva novela), etc. Astrid Kirchherr comienza poniendo fin a una relación con su amigo Klaus, a quien le corta el pelo con el estilo definitivo de los de Liverpool. Rompedora, visionaria y trabajadora, así es esa mujer con quien los Beatles no dejaron de mantener contacto, a pesar de que la fama de estos sepultara sus opciones como fotógrafa emergente. La joven confiesa en varias entrevistas que después de sus sesiones de fotos para la banda, ya nadie quería ver sus otros trabajos, quedando inevitablemente aplastada por la historia, a la manera de Nico de The Velvet Underground, quien también luchó por poner su trabajo individual en más valor.     babyblack

Resulta complicado ver el sacrificio que algunas personas hacen por el bien de otras. Supongo que nos hemos instalado tanto en el individualismo, que ahora no comprendemos posturas tan solidarias. Por ingenua que parezca la realidad, tal y como queda ilustrada por Arne Bellstrof,  las páginas del cómic están muy bien documentadas. El autor confiesa haber recibido la colaboración de la fotógrafa alemana a quien los Beatles dedicaron la letra de la canción de reverbera en el título del volumen.   Aquella canción insistía en el luto que Astrid guardaba en nombre de su amante, si bien el negro siempre fue el atuendo principal de la existencialista alemana. En la letra se revela un amor encubierto e imposible de alcanzar, pues “ella piensa en él y por eso viste de negro”. En un punto de la canción, desesperados por conquistar a la joven que se ha quedado sin pareja, se preguntan cuánto tiempo va a pasar hasta que recapacite en el error de llorar su pérdida.

Astrid Kirchherr, fue la primera fotógrafa que retrató al conjunto con unas disparatadas pintas rockeras allá por los años 60. El blanco y el negro le otorgarían esa dualidad sobre la que se enmarca su obra. Sin embargo, en las historias escritas en torno a ella se destacan más sus cualidades físicas que su talento para el arte, la fotografía y el diseño y la artista perdió parte de su obra por no reclamar su autoridad adecuadamente No paro de pensar que si Stuart Sutcliffe hubiera llegado a ser famoso en los Beatles, las fans habrían rumoreado –como siempre ocurre en estos casos, veáse Yoko Ono y Courtney Love– sobre que ella fuera la única culpable de su separación y de su muerte incluso; caso que hubiera resultado de lo más paradójico,  siendo ella su mejor mecenas.

Arne Bellstrof recupera los dichosos años en que la bohemia había sustituido los regímenes despóticos y la cultura se vivía en las calles y entre la juventud. Es un período fructuoso y prometedor para la pareja, lo que llena de luces la triste realidad. Es remarcable la representación de la performance musical llenando las viñetas de letras y dinamismo. Por momentos, su concisa representación visual me recuerda estar viendo el clásico de Antonioni, Blow Up(1967) o a Jeane Seberg en Sin Aliento(Godard, 1960) y ese toque naif es encantador sin robarle seriedad a lo relatado.

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