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¿Cómo es Dios? :: revisitando “Génesis” de Robert Crumb.


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Hace ya casi diez años de la publicación de “Génesis” de Robert Crumb (La Cúpula, 2009)  y con motivo de la reedición me he animado a analizar este cómic de culto, aunque no sabía que me descubriría a mi misma en un estado de cabreo permanente con Dios y con las historias fundacionales del mundo occidental. ¿Y por qué ahora una lectura crítica? Pues para contextualizarlo e indagar por qué resulta interesante que Crumb dibuje el Génesis en forma de cómic y se lo dedique a su mujer Aline Kominsky-Crumb –autora de cómic que participó en el famoso Wimmen’s Comix de Trina Robbins. ¿Se puede confiar en su versión? Veremos en qué pueden verse licencias y hasta alegatos escondidos, pero la neutralidad y fidelidad al texto se manifiesta desde la introducción que el propio autor hace de la obra, donde declara haber intentado “reproducir todas y cada una de las palabras del texto original extraído de diversas fuentes.” (9)

Existe un feminismo bíblico que acepta la sumisión a Dios para llegar a la definición del papel de la mujer como autoridad espiritual. Pero, si bien la antigüedad y la originalidad del Génesis (probablemente anterior al año 1000 a.c) le han dado autoridad a un solo Dios –de los hombres–, ¿nos hemos preguntado qué nos fue robado con esta narración y por qué motivo este texto sigue siendo doctrinario? El propio Robert Crumb manifiesta en una de sus notas que Dios es “una deidad extremadamente patriarcal” (215), tal y como queda representada en este texto que data del primer milenio a.c.

Desde un primer momento, se que algunas de mis explicaciones se enfrentan a la crítica de dos doctrinas religiosas mayoritarias (el cristianismo y el judaísmo), pero espero que sus fieles entiendan que hago una lectura contemporánea del texto –adaptado al lenguaje del cómic– para precisar algo más sobre aquel presunto origen del mundo. Un libro bueno y malo al mismo tiempo –no entiendo que estas categorías vayan separadas–, pero que sin duda puede ser causa y origen del paganismo, el feminismo y el fin de la mitología (que no de los mitos, cuidado). Al principio (o “En el principio” que suena más en la onda del texto) no me atrevía a poner por escrito lo que el personaje de Dios significaba para mi, pero he tenido que lanzarme, dado el fracaso de ese grupo de debate que abrí en Facebook y que no ha tenido buena acogida. ¿No son buenos tiempos para hablar de Dios pero sí para hacerlo de política? Entonces usaré el libro como escudo para defender mi lectura de esta adaptación del libro del autor de “Sexo Majara” (La Cúpula, 2013).

IMG_20181022_185504.jpgEs verdad, Dios ya no es una estrella del Rock, ni siquiera es popular y si mi lectura del cómic fuera un emblema de algo sería del #metoo religioso, pues ahora descubro la verdadera cara del personaje y cómo se comportó con sus primeros devotos –ciegos de fe los pobres–, pero también cómo lo hizo con los que no lo eran tanto, o los que le ignoraban. He entendido bien que su castigos son la base moral sobre la que descansan conceptos como el pecado, la culpa y la pena judicial de hoy en día. Véase el caso de Caín (hijo de Adan y Eva), el envidioso asesino de su hermano que al final recibe un contra-castigo: el de seguir vivo y vagar por la tierra eternamente. O aquel momento en que Dios obliga a practicarse la circuncisión a todos los hombres ya que quien se niegue será “borrado de su pueblo” (215) De alguna manera, Caín es una alegoría de todos los creyentes y el sentir de una comunidad de fieles: culpables desde el nacimiento, condenados a planificar la vida eterna desde el presente para prepararse a ello, para ser escogidos tras el apocalipsis.

Aparte de eso, la desigualdad, el abuso de poder y el adoctrinamiento resumen el primer libro del Antiguo Testamento y Dios, que es todopoderoso –tal y como queda descrito a través de sus acciones y sentencias–, se comporta de manera paradójica pues al mismo tiempo es el promotor de la diversidad social (con las lenguas de Babel), pero censura las prácticas de fraternidad al margen de él mismo y fomenta la sumisión a sus mandatos. 

Otro de los peores atributos de Dios, plasmado en estos escritos, es jugar a ser Dios. Claro, ¿sólo porque él es Dios sí puede exterminar a toda una civilización de pecadores por medio del diluvio universal? Ahora entiendo ese principio que juzga inmoral todo comportamiento parecido al de Él –algo que por mucho que critiquemos, sigue siendo la base de las desigualdades, la política y el juego del poder en general. Con su despotismo y su arrogancia, la infame postura de Dios va fastidiando a todo aquel al que se aparece, pero es Dios quien da al hombre el poder de comportarse como él. Es decir, Dios deja a los hombres ser Dios cuando les da poder sobre toda la naturaleza y sus criaturas. “Que os teman y de vosotros se espanten todas las fieras de la tierra , y todos los ganados, y todas las aves del cielo; todo cuanto sobre la tierra se arrastra y todos los peces del mar, los pongo todos en vuestras manos” (35).

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Crumb explica en sus notas que Dios era patriarcal y que había destituido el matriarcado precedente. Parece ser que en la tradición anterior, algunas mujeres conservaban el título de hechiceras, como Sara –la mujer de Abraham– y que eso le otorgaba ciertos poderes al género “débil”. Es importante que el feminismo  de nuestros tiempos recupere la narración y las voces robadas de las mujeres. El feminismo cosmopolita de la actualidad lo es en tanto que adquiere el  compromiso de reinterpretar la historia, los textos y símbolos de este y otro tiempo –tal y como lo explica Niam Reilly (2011)– para recuperar aquellas batallas, detalles y nombres que posicionen el precavido ente de lo femenino y la mujer en el ojo del huracán.

Hay un episodio en el que Dios les obliga a entregar sus dioses y sus amuletos y Crumb aprovecha para representar el pesar de las mujeres al abandonar sus deidades y objetos de culto en manos de Jacob –momento en el que se les arrebató la libertad de culto. En el mundo moderno, con el temor a que la mujer vuelva a recuperar estas alternativas, se le imponen otros cultos relacionados con el patriarcado, como el culto a la belleza y la perfección que nos recuerda, una vez mas, que nuestra función principal es la reproducción; igual que en el “Génesis”.

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Aceptado como testigo del origen del mundo por la tradición oral patriarcal, ha sido difícil para la mujer  situarse en el puesto de la autoridad eclesiástica y solo puede lograrlo apoyándose en los textos; pues en el primero de los libros del Antiguo Testamento, exceptuando la furia y determinación de Raquel (mujer de Jacob), Tamar –que aparenta ser una “prostituta sagrada” y las hijas de Lot que embriagan a su padre para usarle y tener descendencia, las mujeres juegan un papel secundario. Aspecto que nos ayuda a entender mejor el rol de la mujer en la sociedad contemporánea.

Me gusta imaginar que este, entre otros, sea uno de los motivos que animaron al artista norteamericano a retomar los textos sagrados, a manosearlos y ponerlos en manos de un colectivo y un contexto –el de sus lectores– alejado de las situaciones expuestas en la Biblia. De hecho, durante la lectura del cómic me he preguntado si la fidelidad de Robert Crumb a la hora de versionar uno de los libros de la Torá y el primero del Antiguo Testamento, podemos ver signos de la libertad de interpretación y la creatividad del autor. Esta claro que ilustrar es otra manera de interpretar y sí,  mirando con cuidado, podemos ver detalles que apuntan hacia un uso libre del texto bíblico por parte del autor underground. Por ejemplo, en el episodio en que Dios les da vestidos a Adán y Eva, desnudos en el paraíso, la primera que aparece vestida es Eva. Adán recibe la ropa aún con el torso desnudo, lo cual explicita el yugo del pudor y cómo este recae con mayor grado sobre la mujer. Crumb diseña todas las situaciones y rostros de los personajes a modo de testigo de aquel tiempo lejano para invitarnos a sacar nuestras propias conclusiones. Así, respecto a la mujer, vemos una caracterización de la fisionomía de estas a favor del papel que juegan para la reproducción de los hombres y su descendencia. Crumb las retrata como unas amazonas de la fertilidad nada alejadas de la famosa Venus de Willendorf –vamos, como siempre le gustaron al autor, pero aquí al menos justificadas– que les otorga algo de poder y presencia al lado de esos hombres raquíticos y envejecidos.  Además, como todo es procreación, todo va en parejas claro, y Dios se esfuerza en hacer comprender esta lógica binaria a Noé cuando tiene que hacerse con un macho y una hembra de cada especie para ponerlas a salvo en el arca.

Otra de las licencias que se toma Crumb a la hora de representar de manera gráfica el libro canónico es ofreciéndole aptitudes eróticas –un reto, si contamos con que cada coito es una transacción desapasionada. Parece que su “moto” sea aprovechar cada desnudo cuanto sea posible y hacer que tengan pezones  bovinos.

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Es evidente que uno de los grandes dramas del libro es la esterilidad, en el caso de la mujer, y el hombre sin descendencia (y las hijas no cuentan, paradójicamente). Tanto, que en numerosas ocasiones las esposas de los grandes hombres tienen que recurrir a otras mujeres –esclavas, hermanas– para que tengan hijos por ellas, ya que es el único modo en que Dios les quitará su vergüenza. Así que ahí tenemos el origen del vientre de alquiler, única transacción sororal que en ocasiones deviene en celos o en una poligamia manifiesta.

Con la descripción del poder de Dios, el cómic nos muestra que parte de la auto afirmación y la consideración de la mujer en nuestra sociedad dependen del estudio y la exégesis de la Biblia, así como de denunciar aspectos como los plasmados en el castigo que impone Dios a Eva, madre de todas las mujeres, cuando desobedece sus órdenes y come del fruto prohibido. Recordemos lo que le dice exactamente: “¡Multiplicaré los trabajos de tus preñeces! ¡Parirás con dolor los hijos y buscarás con ardor a tu marido, que te dominará!” Después también castiga al hombre, sí, pero –para ser mas injusto– Dios aclara que él es culpable por ser el cómplice de Eva y de inmediato le convierte en poseedor directo de ella, al decir, “¡Por haber escuchado a tu mujer (…)! Por ti será maldita la tierra!” (20).

 

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